Hoy me llamaron para decirme que había muerto. Inmediatamente me pellizqué, parece que sigo nomás por acá. No estoy preparado todavía para partir al más allá, a la nada, al vacío eterno. En todo caso esta señal me impulsa a dejar algunas cosas en claro, públicamente.
Lo único más o menos significativo que realicé en este breve paso por la vida terráquea es componer canciones y algunas músicas. Unas 100 canciones están grabadas, las únicas que se están vendiendo son de los primeros cuatros discos incluidos en una Antojolia que hicimos con el sello Discolandia. Aclaración necesaria: ellos no son los dueños de las canciones, son dueños de la grabación de estas canciones, de las versiones. Y por estas ventas también tienen que pagar un derecho. Estos derechos que incluyen las canciones de los discos Hasta Ahurita, Cuentacantos, Qué tal Metal y Bien le cascaremos los administra la Sociedad Boliviana de Autores y compositores. (Sobodaycom). Si estuviéramos en un país más organizado, esto significaría un dinero interesante para mi futura bella viuda. Sin embargo, la realidad es otra. Hace un mes me cancelaron 100 dólares por un cuatrimestre por derechos de ejecución y venta de estas canciones de Antojolia, que deben ser unas 70. Por lo tanto el asunto se vuelve más bien simbólico, ojalá que estas canciones sirvan de algo, por lo menos para reír un poco.
De los otros cuatro discos, soy yo el propietario. Y por eso mismo no hay discos a la venta porque Papirri Producciones está en paro. Son los CD Full Guitarra, Cara Conocida, El Papirri en Vivo y Helado Propicio. Deben sumar unas cuarenta canciones, sobresale “Zamba Geisha”, la versión en vivo de la “Metafísica Popular”, “Hay que tomar partido”, “Zamba para Anita”, “Pa ques decir”. Propongo un Comité de Recuerdos del Papirri, compuesto por algunos amigos interesados en esta obrita, serían los amigos Raúl Peñaranda Undurraga, Claudia Benavente, Sergio de la Zerda (Cochabamba), Ricardo Herrera (Santa Cruz) y Edwin Medrano (El Astroboy). Ustedes, hermanos, háganse cargo de estos discos, prodúzcanlos, véndanlos -por ejemplo en Radio Deseo-, las pequeñas ganancias, que sirvan para dar de comer a los changos de la Fundación Nueva Vida (ex K’aruru) de los lustra calzados de la extinta Pérez Velasco. También los derechos del libro “Crónicas del Papirri”, que sirvan para lo mismo, y ojalá publiquen el volumen dos que está listo. Juntando los derechos de Sobodaycom, más los derechos de los discos grabados en Discolandia, las ventas de los cuatro discos nuestros más los dos libros, se pueden lograr -estimo- unos 110 dólares al mes, para hacer pan para los changos de la Cabeza de Zepita.
En cuanto a mis guitarras, la Goudin, la Takamine y la Gamboa, los cuadros de casa y los libros, sería bueno que sirvan para algo, hagan una rifa, una kermesse, pónganse de acuerdo con la bella viuda, hagan algo que valga la pena.
Al Conservatorio Nacional de Música, que no se olviden que di clases interesantes 15 años allí sin ningún beneficio. Tengo exalumnos ilustres como “Grillo” Villegas, Emma Junaro, Sergio Arévalo, Simón Lujan, “Jimbo” Illanes, y tantos otros músicos que aprendieron a leer música con mi método en base a la música aymara. Que continúen en el Conser con ese método que es interesante. Esos dineros que tendrían que haberme reconocido por tantos años de servicio se los regalo, que sirva de ejemplo para ver cómo se trata a los docentes temporales, a los que nos hacen contratitos mañudos de nueve meses anuales.
En cuanto a mi esposa y compañera, la bella Carolina, le dejo mi único bien material, con su impresionante vista del Illimani, en el edificio más viejo pero el más entrañable de La Paz. Y una jubilación simpática que ojalá no sea virtual, por tantos años de aguantar a jefes, giles, políticos, presiones, memorándums y demás. Amor, véndelo si quieres, casita hazte, con muchas plantas y animalitos, como siempre lo quisimos. Ella verá cómo ayudar a mi hermano mayor que está enfermo y destituido (espero que por un tiempo), del día y de la noche.
En cuanto a mi agotado cuerpo, bien lo van a festejar y ch’allar. Que haya banda para los huayños, que los afrobolivianos revienten con sus bombos y Norte Potosí le casque bien. Luego van a tener que volverme ceniza y esparcirme en el lago sagrado, lejitos del borde, para siempre.
A las guaguas que tuve y sus papás no han querido que yo reconozca, ahicito lo dejaremos. Papá biológico hey sido, para que no haya líos cerremos el tema, donador de semen le llamaremos. Esito sería todo. Así nomás había sido este corto recorrido. Les dejo la risa plena de “Metafísica popular”, la sensibilidad profunda de “Zamba geisha”, la fuerza de “Bien el cascaremos”, la ternura de “Alasita”.
Amor, no te olvides de mi Sabinita, de mis 54 ahijados, bien trátales a las que me amaron, invítales tecito. Y a veces, acuérdate de mí.
Quito, agosto del 2011
PD. Si todavía sigo en este planeta, se puede reformular este testamento público de emergencia según los acontecimientos venideros.



