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lunes, 14 de marzo de 2011

EL PEPINO ESTA DE DUELO


                                         Desde la ladera Este de La Paz.         

                                                                                                  Por: El Pepino*
“Soy pepino, bien paceño, anónimo y del pueblo, en la Yungas busco pega con chamarra de cuero, siempre lustro mis cachitos, bien riquito me peino, soy paceño, sangre aymara, orgulloso también”. Así me lo sabía cantar el Papirri, cantautor paceño que donde estará. Hoy lloro porque  el hombro de la ladera Este de mi amada La Paz se ha chorreado, un balconcito de flores eraba, se ha partido la tierra .El barro se a tragado la casa de mi compadre Silverio, plomero de profesión, 45 años de laburo derrumbados como naipe, mi compadre se ha quedado parado con su ropa, no quiere salir de su terreno que ahora es puro lodo, sus hijos están en el albergue en una escuelita cerca de la ladera, asustados están, llorando, extrañan su cuarto, sus juguetes .Lo peor es que mi comadre Asunta  ha fallecido hace poco, hemos logrado encontrar su cuerpo que se había desbarrancado con el cementerio de  la ladera, otra vez la hemos subido. Yo vivo por Achachicala, cerca del matadero, por ahora  bien nomás está mi casita, mas chiquita que de mi compadre es,  cualquer cosa puede pasar.
Había lustrado mi trajecito, había afinado la matasuegra para salir con mi poco quibo a divertirme, a saltar, a cantar “Pepino pandillero soy, bailando en La Paz, por apretarme a tu cinturita ya dices que soy papá”. Pero no hay caso, todo me duele, mis hermanos desentierran sus camas, estamos  persiguiendo a nuestros muertos. “Soy Pepino bien paceño, anónimo, del pueblo…salvo vidas, cuando el río quiere llevar los cuerpos, en febrero soy bombero, voluntario del SAR”. En vez de careta tengo mi casco, grave estoy correteando, sirviendo las comidas que donan las caseras de la Rodríguez.  Hay que conseguir agua y con tanta agua ¡… hay que sacar la garra  “porque siendo del pueblo, yo también me caliento, cuando veo injusticia, saco mi puño abierto, en octubre, entre todos, volteamos al gonismo, soy pepino y no cojudo, orgulloso también”.
Los techos han volado, una pala gigante de mazamorra como raspadillo lo ha dejado al cerro, terremoto de agua es. Las guaguas están correteando con sus bucitos igual, algunas carpas blancas llegan, tenemos que hacer turnos para dar raciones. Por eso mi traje de Pepino lo dejo para el año, siesque, triste estoy, es que en los carnavales ejerzo mi reinado… ahora soy un paceño mas rascando la tierra, un paceño mas donando lo que puedo, varios ex Pepinos somos rescatando cositas, 4 días que no duermo.
Hemos hecho un Comité de Donaciones y hemos decidido pedirle al Papirri que done 10 % de su sueldo, ahora que tiene pega, para conseguir colchones, frazadas y sogas para saltar por encima de la carretera que se ha partido. Si no, lo vamos a desautorizar que cante en nuestro nombre. Pedimos a los militares y policías que les han subido el sueldo que también donen el 10% de su mes para los damnificados, sobre todo los panzones generales y coroneles y los de la FELC. Solamente los soldaditos nos están ayudando a cargar lo que queda, las frazadas de los escombros, los roperitos caídos, las cocinillas hechas mártir, en la espalda estamos cargando porque el puente más se ha caído,  pedimos que también aquí estén los capitanes, los tenientes, los sargentos, y que sus lindas esposas que iban a bailar llamerada traigan ropas. Hace frío. A los maestros que dejen de llorar por sonseras y aporten también a este fondo solidario con un 5 % de su salario, los transportistas que ganan 1000 bolivianos al día se pronuncien con su cariño y pongan sus movilidades para ayudar a cargar las ollas y garrafas enterradas. Los periodistas que tanto gemían por la censura, que nos regalen comida y los concejales azúcar. Enfermeras, médicos, por esta vez no nos cobren.
Dice que va a llegar ayuda también de afuera, ojala. Dice las casas en el Alto van a hacer, Evo tiene que cumplir. Como voluntario del SAR y Pepino pido a todos aportar con algo, vamos a estar bailando después, vamos a brindar después, ahora solo quiero  que no lloren las guaguas que extrañan sus camitas. Decretamos paro movilizado de morenos y diablos, las bandas tienen que recaudar para los miles sin techo, el Preste plana mayor del Gran Poder que compre carpas en vez de cerveza. Otro día vamos a hacer Jiska Anata, no hay caso de bailar encima de los escombros.
Algún día voy a volver a ser Pepino, por ahora, de pie hay que salir: adelante Paceños de La Paz, Paceños de Tupiza, Paceños de Cochabamba, Paceños de Llallagua, Paceños de Honk Kong, Paceños de Madriz, Paceños de Santa Cruz, den lo que puedan, no miren desde palco, nunca nos había pasado, la ladera se sigue chorreando, hay que resucitar. “Pepino pandillero soy, bailando en La Paz, por apretarme a tu cinturita ya dices que soy papá”, canto en mis adentros para no llorar, para no dormirme, para aguantar el hambre y el frío.

* El Papirri dice que  la donación ya está en marcha.

                      

jueves, 27 de enero de 2011

LA HILARIASHON


Desde el Ombligo del Mundo... Por: El Papirri


Ella llegó a mi vida como una bendición, días después mi madre se iba al cielo. Yo había cumplido 13 años pero parecía de 8, flaco, tímido, hipersensible, inseguro. Ella era la típica cholita paceña, con el borzalino en equilibrio, la manta tinturada de diario y otra mas exquisita para el domingo, los aretes dorados colgando en llamerada, un topo de plata unía las prendas, polleras gloriosas aladas en calamina, los encajes de sus interiores inmaculados de decoro, un t’usu sólido y moreno para bailar huayños, para girar y girar con los chutas hasta el infinito. Los zapatitos de miniatura parecían bordados a mano, pancito de miga era su pie sin zapato.
Cholita joven, estudiante del CEMA de la Escuelita Ecuador, se llamaba Hilaria, de apellido Chami, de la zona de Sorata,  lunareja, se reía con todos sus ojitos pues la viruela la había calado; cejas como cerritos, una quemadura cruel le manchaba la comisura del labio izquierdo. Cuando se lavaba el cabello en la terraza, sorprendía la cantidad y calidad de hebras que chorreaban como cascadas tostadas iluminando la mañana. Una camisetita blanca sugería el pezón morado adolescente. Yo permanecía absorto al contemplar la artesanía de las trenzas, la velocidad de sus dedos ensortijándose, el tarareo tierno de sus huayños.
Me había quedado huérfano, mis hermanos se habían casado y se fueron a otra parte, mi padre estaba perseguido por las dictaduras de turno. Aparecía un ratito a resoplos, yo le mostraba la libreta, me daba plata para los recreos, a la Hilaria le daba  su sueldo, algo para el mercado, movilidades, para pagar el colegio y se iba presuroso de nuevo. Algunas veces estaba confinado, otras veces refugiado en el Perú. Cinco años me quedé  con la Hilaria.
-Manuelitoshon, tienes que hacer la tareashon. Después tomamos un tesitoshon, y tienes que ordenar tu ropa para mañanashon, ordenaba dulce. A todo le ponía shon.
En las noches solía dormirme en sus enaguas, me arrullaba con su olor a coca profunda, acariciaba mis rulos, me buscaba pulgas. Lavábamos juntos ropa escuchando aquellas pioneras radios aymaras casi clandestinas de la década del setenta. Así, aprendí a mover el cerquillo en la kullawada, a animar en las morenadas, a silbar tarkeadas, a tejer, a saludar y contar  en aymara, a reírnos  jugando al ludoshon. Fue mi consejera de las primeras chicas, a k’alazos me volvía a la casa cuando me quedaba a huayronquear con mis cuates. Hablábamos también con eco—con ecooo, yaaa. Me enseñó a comer pasankallas en el ex parque de los monos, a tirarnos con naranjas, a volar por el resbalin, a revolcarnos en el sol. Cuando salí bachiller ella me llevo del brazo.
Un día desapareció para siempre, se fue bajando la subida con su bolsita y su paso coqueto, con su tic tac en la pollera. Llovía afuera y también dentro de mí. Por suerte, la democracia había vuelto y mi padre ya estaba en casa. Entonces le dedique mi primera canción, Hoy es Domingo: Alza las trenzas/ deja las penas/ pon tu polleras hoy es domingo/ trae la guagua/ junta naranjas/ pon tus enaguas/ hoy es domingo, Hoy es Domingo/ hoy es domingo/subite al cerro, allí veremos, la ciudad su resplandor…Era el domingo de la Hilariashon, libre de mi, de mis angustias precoces, de mis llantos por la injusticia por no tener madre. Gracias a ella comprendí al sopocachi denso, al del personal de servicio que alimentó mi alma. Gracias a ella amo intensamente a La Paz y ahora escribo alguito. Mi ángel de la guardia tuvo polleras de cholita paceña y se llamaba Hilaria Chami, por eso cuando algunos insultan diciendo chola o indio i mierda yo me encolerizo pues insultan a mi madre adoptiva.
La Hilariashon apareció luego en la canción Alasita, “Es solo ver al plomero, con su titulo de ingeñero…es solo ver a la Hilaria, y el camión que soñó su infancia”, dishendo. En esta Alasita 2011 te la dedico con todo amor.Me gustaría volver a verte, besarte en tus mejillas de heladero, abrazarte dando vueltas por la calesita de tus polleras, treparme por tus jardines de mantas. Me gustaría saber de ti, mama Hilariashon, ojala nos encontremos en algún mercado paceño comiendo anticucho con salsa de maní. Ojala me reconozcas y me digas Manuelitoshon, habías crecidoshon, hasta viejitoshon te habías vueltoshon ¡  Harto te extraño.